25 Noviembre – Una conmemoración, no una celebración

El 25 de noviembre fue declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer en el 1er Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981.

Se eligió esta fecha para conmemorar el asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y Maria Teresa), tres activistas políticas asesinadas por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo el 25 de noviembre de 1960 en República Dominicana.

Fue en 1999, cuando la ONU hizo oficial esta fecha.

1079 mujeres han sido asesinadas de manos de sus parejas o exparejas desde 2003, año en el que se empezó a contabilizar el número de mujeres.

Hasta el 30 de octubre de 2020, 41 mujeres han sido asesinadas en España, desde que empezó el confinamiento, el número de llamadas al 016 (teléfono de ayuda a las víctimas) ha aumentado un 60%.

Según los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial, en los meses de abril, mayo y junio se interpusieron en España 40.495 denuncias. De todas ellas, tan solo un 1,2% fueron presentadas por familiares de la víctima y un 1,9% por la propia víctima. El resto de las denuncias corresponden a partes policiales, atestados hospitalarios o denuncias de terceros.

Según indica la Dra. En Políticas de Igualdad Esther Tauroni en el diario “El Plural”, cada cuatro horas se viola una mujer en España, la media de Europa es similar. La mayoría de las violaciones, por miedo, vergüenza o temor a la respuesta social no se denuncian. La mujer víctima de violación, además de sufrir daños físicos, sufre un daño emocional y psicológico de imposible reparación.

Mientras tanto, los violadores gozan de presunción de inocencia desde el minuto uno. La ingestión de fármacos, drogas, alcohol e incluso sus circunstancias sociales atenúan sus penas. La mujer violada es, desde el momento en que denuncia, acusada, revictimizada, culpada. En su camino procesal solo se encuentra con piedras en el camino.

Las sentencias condenatorias en los casos de violación son entre cinco y diez años de prisión, que jamás se cumplen. Quedan reducidas por múltiples causas. Ninguna de estas sentencias resarce a la víctima. Jamás la mujer vuelve a sanar. El miedo y el dolor la acompañan hasta el final de su vida. El violador, cuando sale de prisión, vuelve a violar.

Estos datos, que parecen “solo” números, dejan claro que algo no funciona, que las víctimas y su entorno cercano no cree en el sistema, porque no se sienten protegidas, el sistema las sigue señalando como culpables.

Queremos trasladar nuestro rotundo rechazo a todo acto de violencia contra la mujer y nuestro apoyo a las víctimas. Si crees estar en situación de peligro, o conoces a alguna mujer que pudiera estarlo, no dudes en contactarnos o llamar al 016, juntos podemos salvar vidas.